REQUERIMIENTOS NUTRICIONALES EN LA TERCERA EDAD

La población de adultos mayores está aumentando progresivamente como
consecuencia de la mejoría de la esperanza de vida. La malnutrición se relaciona con un aumento de enfermedades y mortalidad, sobre todo en las
personas en edades extremas. Por esto, en la tercera edad es imprescindible mantener un estado nutricional adecuado para aumentar la longevidad y para mejorar la calidad de vida.

CAUSAS DE MALNUTRICIÓN EN
LA TERCERA EDAD

Los adultos mayores son un grupo con riesgo de desnutrición debido a una
serie de cambios fisiológicos, sociales, económicos y psicológicos relacionados
con el proceso de envejecimiento. Esta malnutrición favorece la aparición
de enfermedades
que a su vez repercutirán negativamente en el estado
nutricional, instaurándose de esta manera un círculo vicioso malnutrición-enfermedad.

A. Causas fisiológicas

1. Cambios en la composición corporal: Reducción de la masa magra, principalmente en músculo y hueso. Aumento de la masa grasa. Disminución del agua corporal total. Disminución dela masa ósea.

2. Menor gasto energético por disminución del metabolismo basal y de la
actividad física.

3. Deterioro de los sentidos del gusto, olfato y vista.

B. Causas psicosociales

1. Soledad, aburrimiento, depresión.

2. Limitación de recursos económicos.

3. Ingreso en instituciones (residencias, hospitales).

4. Aislamiento, dificultad para el transporte.

C. Causas patológicas

1. Enfermedades agudas o crónicas.

2. Toma de medicamentos continuada que interfiere con la ingesta, absorción y
metabolismo de algunos nutrientes.

3.Discapacidades que limitan la preparación de los alimentos y comportan una
menor actividad física.

REQUERIMIENTOS
NUTRICIONALES

Las necesidades energéticas son menores que en el joven debido fundamentalmente a la disminución de su masa muscular y de su actividad física. Se ha observado que al menos el 40% de los ancianos de más de 70 años ingieren menos de 1500 Cal/día.

Sin embargo, este aporte energético es insuficiente para cubrir las necesidades de micronutrientes, así como para mantener un cierto grado de actividad física que combata la disminución de masa muscular y ósea.

Déficit de micronutrientes

Los déficits de vitaminas y minerales favorecen el riesgo de infecciones, de
enfermedades crónicas y de trastornos psicológicos. Generalmente sus
alteraciones se deben a una disminución de la ingesta, interacción con medicamentos,
consumo de alcohol y aclorhidria o hipoclorhidria (menor secreción de jugos
gástricos).

Por lo tanto, aunque las necesidades energéticas son más bajas, debe
asegurarse el aporte suficiente
para cubrir los requerimientos en vitaminas y
minerales .Para lograrlo es necesario evaluar en forma personalizada,
planeando, si es necesario, el refuerzo de algunos nutrientes.

PROTEÍNAS

El aporte de proteínas puede verse comprometido por múltiples causas tales
como los trastornos de la masticación, cambios en las preferencias, costo elevado de los alimentos proteicos, alteraciones digestivas y procesos patológicos intercurrentes.
El déficit de proteínas produce múltiples complicaciones:

•Disfunción del sistema inmunitario.
•Aparición de edemas y úlceras
•Mayor número de infecciones.
•Mayor pérdida de masa muscular
•Astenia, depresión e inmovilidad

Veamos cuál es la proporción de proteínas en relación a carbohidratos y grasas. La siguiente imagen muestra cual sería la distribución equilibrada de nutrientes para un adulto mayor sano. Remarcamos el estado de salud, porque estos requerimientos pueden variar si la persona padece enfermedades, sobre todo crónicas. Por ejemplo el consumo de proteínas debe disminuirse si se padece enfermedades renales.

Distribución de la dieta equilibrada

Se necesita un aporte de grasa adecuado como fuente de energía, vehículo de
vitaminas liposolubles y también para mejorar el sabor de la comida.

La ingesta de carbohidratos debería ser aproximadamente el 50-55% del total
calórico de la dieta, con mayoría de carbohidratos complejos y restricción de
los simples. Es importante recordar que los ancianos pueden presentar
intolerancia a la lactosa, con molestias digestivas e incluso diarreas.
Carbohidratos complejos son

FIBRA

Las dificultades de masticación pueden provocar un rechazo a las frutas y
verduras crudas con la consiguiente disminución de la ingesta de fibra. La falta de fibra puede agravar algunos de los problemas frecuentes en esta edad como el estreñimiento, el uso de laxantes y la presencia de divertículos. Obtenemos fibra a partir de frutas, verduras y legumbres.

VITAMINAS

Las vitaminas son sustancias imprescindibles para el buen funcionamiento del organismo. Ya que el hombre es incapaz de sintetizarlas, es necesario que su aporte a través de la dieta sea adecuado y suficiente. Existen numerosas causas que favorecen la aparición frecuente de déficits vitamínicos, tales como:

• Aporte calórico insuficiente.
• Dietas excesivamente restrictivas en grasas.
• Rechazo de frutas y verduras.
• Disminución del apetito.
• Mala preparación y conservación de los alimentos.
• Excesivo uso de laxantes.
• Ingesta de medicamentos.
• Patología aguda y/o crónica.

Todo ello, conjuntamente con la alteración del metabolismo de la vitamina D, provoca que los niveles de vitamina D y, en consecuencia, de calcio sean insuficientes para la conservación del hueso y hagan necesario la valoración de incluir suplementos.

Los requerimientos de vitamina K pueden estar aumentados en las personas con patología crónica, insuficiencia renal y tratamiento antibiótico o laxante prolongados.

La concentración de vitamina B12 suele estar disminuida debido a la elevada
prevalencia de gastritis atrófica y a la interacción con fármacos y a la ingesta de fármacos como la cimetidina.
Los requerimientos de vitamina B6 pueden estar aumentados por interacción con algunos fármacos como Anticonvulsivantes, antidepresivos y antihipertensivos.

MINERALES

El aporte de minerales puede verse comprometido debido a las mismas
causas que en el caso de las vitaminas: menor apetito, dificultad de masticación, alteraciones endocrinas, digestivas y renales, e interacción con fármacos.

Con la edad, la absorción de Calcio va disminuyendo en relación con la
disminución de la secreción ácida gástrica y los niveles más bajos de
vitamina D. Además la disminución de la actividad física y la menopausia
favorecen la pérdida de masa ósea.

Algunas enfermedades y medicaciones como los diuréticos pueden provocar un déficit de Magnesio y, en consecuencia, un mayor riesgo de síndrome de fatiga crónica, enfermedad cardíaca, osteoporosis y diabetes.

El déficit de Hierro es un problema frecuente. Existen numerosos factores predisponentes de su carencia, tales como la hipoclorhidria, las microhemorragias crónicas y el consumo pro longado de antiácidos y antiinflamatorios.

La ingesta de Zinc suele ser inferior a sus recomendaciones. Su déficit se asocia a una disminución de la inmunidad y de la cicatrización de las heridas, así como a una pérdida del gusto que disminuye aún más la ingesta.

El Selenio, que forma parte del sistema antioxidante del organismo, también puede estar disminuído por una ingesta menor de alimentos proteicos como la carne.

El Cromo es un cofactor de la insulina imprescindible para el metabolismo de la
glucosa y de los lípidos, cuyo aporte suele ser insuficiente en la dieta.

IMPORTANCIA DE LA HIDRATACIÓN

El adulto mayor suele beber menos agua como consecuencia de la pérdida de la
sensación de sed y de frecuentes alteraciones de la deglución o disfagia.
Para evitar las complicaciones de la deshidratación y asegurar una hidratación adecuada es imprescindible potenciar la ingesta regular de agua y de otros líquidos como jugos y sopas. En los casos en que existe disfagia (dificultad para tragar) es muy útil poder aumentar la consistencia de los líquidos mediante el empleo de espesantes.

Las complicaciones derivadas de la malnutrición pueden evitarse con la adecuada vigilancia nutricional y la indicación oportuna de suplementos nutricionales.

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